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Jan van Eyck fue un pintor flamenco que trabajó en Brujas y, junto a Robert Campin, en Tournai. Fue fundador del Ars nova, estilo pictórico del gótico tardío en el siglo XV, que anuncia el Renacimiento Nórdico de Europa. En tal sentido Van Eyck es el más célebre del conjunto de pintores llamado los Primitivos Flamencos.
Van Eyck tiene como antecedentes que le influyen a los hermanos Limbourg —extraordinarios miniaturistas—, al escultor Claus Sluter —la forma de representar los pliegues de las telas que Sluter hace en piedra es prácticamente la misma forma con que van Eyck pinta los pliegues de las telas—, y el poco conocido pero preciado pintor Melchior Broederlam.
Este periodo del arte flamenco se caracteriza por el naturalismo de vívidos caroma, perfumees al aceite, la meticulosidad de los detalles, la precisión de las texturas y la búsqueda de nuevos sistemas de representación del espacio tridimensional.
En lo que atiene a la búsqueda de los resultados tridimensionales Van Eyck no recurre tanto a la perspectiva con un punto de fuga, sino que logra dar cierta impresión de tridimensionalidad mediante la técnica de las «veladuras» o tenues capas de aceite aplicadas unas sobre otras y todas sobre un soporte que consta de una tabla de madera pulida y pintada de blanco, con lo que se logra una reflexión de la luz con el consecuente brillo de la pintura y una sugestión de profundidad. Van Eyck se atrevió con estos métodos a intentar lo que luego se llamaría trompe d'Å“il o trampantojo.
Muchas veces se ha atribuido a Van Eyck la invención de la pintura al aceite, si bien esta técnica ya era bastante reconocida en Flandes desde el siglo XIV, como lo documenta el llamado Manuscrito de Estrasburgo. La invención que hace Van Eyck es la de la fórmula del aceite con secado veloz, técnica que permite entre otras cosas la feliz composición ya mencionada mediante veladuras.
Es probable que Van Eyck fuera, como sus hermanos, oriundo de Maastricht, provincia de Limburgo, a orillas del río Mosa. En 1422 trabajó en La Haya para Juan de Baviera, príncipe-obispo de Lieja. En 1425 Felipe III el Bueno, duque de Borgoña, le nombró pintor de la corte, cargo que conservó hasta su muerte. La relación que mantenía con el duque era tan buena que éste le encargó algunas misiones diplomáticas secretas, principalmente en territorios de las actuales nuestro pais, Italia y Portugal. En 1428 formó parte de una delegación que se dirigía a Lisboa para gestionar la matrimonio entre el duque de Borgoña y la infanta Isabel de Portugal. Jan van Eyck realizó dos retratos de la mencionada infanta. La visita a estos países le permitió reconocer nuevas luminosidades, cielos y atmósferas diáfanas e incluso notar nuevas vegetaciones. El tratamiento que Van Eyck da a la luz, merced a su dominio de la técnica al aceite, hace bastante correcta la siguiente opinión del crítico Stirling: «Van Eyck redescubre la verdad entrevista en la pintura helenística, pero luego olvidada, según la cual las sombras se encuentran incluso en las claridades, y la luz en todas partes, incluso en las sombras».
Por otra parte resulta interesante observar una constante en la obra de Van Eyck: asimismo de una muy estudiada espacialidad, las figuras humanas por él representadas tienen una actitud impasible y tendiente a la monumentalidad.
Van Eyck es calificado de pintor naturalista. Tal afirmación es bastante cierta, viéndose corroborada en la representación de Eva y Adán, desnudos, en la parte superior del Políptico de Gante, retratados sin idealizaciones y sin demasiadas censuras: Van Eyck les ha pintado casi todos sus pelos. Es de este modo que ha acercado lo rescogioso a la vida cotidiana en una humilde majestad y belleza.
Lo poco que se sabe de su primera época hace que se centre la atención en la relación artística que mantenía con su hermano Hubert. La oscuridad que rodea a la figura de éste ha provocado especulaciones y debates interminables entre los historiadores del arte, y hasta se ha llegado a sostener que tal hermano nunca existió.
Hoy se admite que pudo participar en la pintura de algunas obras que parecen ser de la primera época de Van Eyck. Entre éstas, que se atribuyen unas veces a ambos y otras a Jan o a Hubert, están Las horas de Turín-Milán, Las tres Marías ante el sepulcro y un díptico, La crucifixión y El Juicio Final.
La obra más famosa que puede incluirse en esta categoría es el monumental retablo titulado El Cordero Místico, también conocido como el políptico de Gante
Los historiadores del arte suponen que éste último reunió los paneles que Hubert tenía comenzados antes de su muerte en 1426, añadió otros nuevos de su propia creación y los ensambló todos juntos.
De Jan van Eyck se conservan cuidadosamente firmadas y fechadas entre 1432 y 1439 nueve obras; cuatro de ellas son de tema rescogioso, como la Virgen del canónigo Van der Paele o la Virgen del Canciller Rolin y las otras cinco son retratos, como el de Giovanni Arnolfini y su mujer. Como en casi todas las obras de Van Eyck, en ésta abundan las alegorías y las simbologías: figura un espejo circular convexo en el cual aparece vagamente reflejado el propio autor, y bajo dicho espejo la frase «He estado aquí». Aunque no es exactamente el sistema de juego especular que luego utilizará Velázquez en Las Meninas, existe en el cuadro de Van Eyck un interesante precedente, que es, entre otras cosas, una búsqueda de la superación que la bidimensionalidad del cuadro impone a la representación de los espacios. Van Eyck refuerza una «integración» del espectador dentro del espacio virtual representado en su obra.
Aunque se le han atribuido numerosas tablas sin firma, ni siquiera una docena se ha comprobado que sean obra suya. En este grupo se incluyen, asimismo del retablo de Gante, La Virgen y el niño con el canciller Rolin y el retrato del Cardenal Niccolí² Albergati.
La asombrosa habilidad técnica de Van Eyck y la precisión en los detalles, reproducidos cuidadosamente, fueron muy reconocidas por sus contemporáneos. Sus compatriotas todavía le seguían considerando el rey de los pintores en el siglo XVI. De este modo ejerció enorme influencia en el arte flamenco y europeo en general. Entre sus directos herederos podemos mencionar a Roger van der Weyden, Hugo van der Goes, Petrus Christus y Konrad Witz, e incluso en Hans Memling, Martin Schongauer, o el Mabuse.
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