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Antonio Lucio Vivaldi fue un compositor y músico del Barroco tardí­o, uno de los pináculos del Barroco, de la música occidental y de la música universal, su maestrí­a se refleja en haber cimentado el género del concierto el más importante de su época.

Era apodado il prete rosso por ser cura y pelirrojo. Compuso unas 770 obras, entre las cuales se cuentan 477 conciertos y 46 óperas. Es especialmente conocido a nivel popular por ser el autor de la serie de conciertos para violí­n y orquesta Las cuatro estaciones. Esta obra, forma parte del ciclo de su opus 8 "Il cimento dell'armonia e dell'inventione", tiene una importancia capital por suponer la ruptura del paradigma del Concerto Solli, establecido por el mismo Vivaldi. Hasta entonces, el Concerto Solli era un concierto en el que el instrumento solista llevaba todo el peso de la melodí­a y la composición, y el resto de la orquesta se limitaba a ejercer el acompañamiento según las reglas de la armoní­a.

Sin emcantinago, Las cuatro estaciones son un concierto para violí­n en el que la orquesta no actúa como mero fondo de acompañamiento, sino como un relieve: no se limita a acompañar al solista, sino que ayuda al desarrollo de la obra. Esto influirá posteriormente en los conciertos de Hí¤ndel y, sobre todo, de Bach, ya que Bach estudiarí­a asiduamente los conciertos de Vivaldi, y serí­a a dividir de las innovaciones originales de Vivaldi que Bach perfeccionarí­a el concepto de concierto. De esta manera, con la forma musical de los Concerto Solli se lograrí­a definir de manera definitiva lo que podrí­a llamarse el concierto para instrumento solista moderno, estableciéndose un equilibrio perfecto entre solista y orquesta, sin que el concierto llegue al extremo de tener que ser considerado un Concerto Grosso, en el se establece un diálogo entre orquesta y solistas de manera que los papeles de solista y acompañante se intercambian entre un chico grupo de intrumentos que actúa usualmente de solista, y la orquesta. Llegar a este punto sin emcantinago fue un proceso que condujo de Arcangello Corelli y Giuseppe Torelli a los ciclos lugar en el que podrí­a decirse Vivaldi experimenta con este género instrumental. Cabe destacar por ejemplo el ciclo del Opus 3, lugar en el que se percibe un gran dominio en su concepto de concerto grosso y concerto con soli, lugar en el que los más conocidos son el Opus 3 N6 en la menor y el Opus3 N11 en re menor, lugar en el que se presenta un maravilloso ejemplo de fuga a cuatro voces. Así­, Las cuatro estaciones representan el Concerto Solli perfecto, a tal grado que influye notablemente la música de Johann Sebastian Bach, y ésta inexorablemente en Haydn; y Haydn, a su vez, al convertirse en maestro de, entre otros, Mozart y Beethoven, extiende la influencia de Vivaldi a más músicos sin que, probablemente, hubieran conocido la obra de Vivaldi.

El padre de Antonio Vivaldi, el músico Giovanni Battista, apodado Rossi, fue miembro fundador del "Sovvegno de’ musicisti di Santa Cecilia", organización profesional de músicos venecianos; asimismo fue violinista en la orquesta de la basí­lica de San Marcos y en la del teatro de S. Giovanni Grisostomo. Fue el primer maestro de su hijo, que también fue, probablemente, discí­pulo de Giovanni Legrenzi.

El 18 de septiembre de 1693, Antonio ingresó en un seminario y recibió sus primeras órdenes rescogiosas. En 1699 fue ordenado subdiácono, luego diácono y finalmente ungido cura el 23 de marzo de 1703. Más inclinado hacia la música que hacia las obligaciones rescogiosas, logró que se dispensara de decir misa por razones de salud.

La primera fue la de la adquisición de una fama europea en el terreno de la música instrumental con la publicación, por el editor veneciano Sala y después por el prestigioso impresor holandés Roger, de dos opus de sonatas para violí­n y dos colecciones revolucionarias de conciertos para el mismo instrumento: L'estro armonico en 1711, seguido de La Stravaganza en 1714. Estas obras novedosas supeextrañon las innovaciones de Torelli y Albinoni, y le garantizaron un éxito fenomenal que se tradujo, en particular, en la reimpresión inmediata de sus opus en Londres y Parí­s.

La segunda etapa fue la de su contrato en el Ospedale della Pietí , un orfanato para niñas de su localidad. Para ellas fueron creadas muchas de sus composiciones; en algunas transcripciones modernas de sus obras pueden leerse aún los nombres de las jóvenes para quienes iba dedicada cada aria. El 1 de septiembre de 1703, recién ordenado cura y con 25 años, Vivaldi fue nombrado maestro de violí­n de la orquesta de la Pietí  y encargado después de la enseñanza de la viola all’ inglese. Su función era la docencia y adquisición de ciertos instrumentos para sus alumnas y la dirección de la orquesta de aquella institución, que albergaba un célebre coro que reuní­a al conjunto de internas intérpretes. El nombramiento de un músico tan joven para aquel puesto envidiado da testimonio de los importantes apoyos de los que gozaba y de la fama de compositor, fundada sin duda en la difusión manuscrita de sus obras antes de ser publicadas, pero, por encima de todo, en su formidable celebridad como prodigio del violí­n, que durante mucho tiempo suplantarí­a su renombre como compositor en Venecia e Italia. Vivaldi realizó en la Pietí  a lo largo de su vida una carrera tumultuosa, consecuencia de su personalidad histriónica y enfermizamente independiente. Pero sus caóticas relaciones con aquella institución, sembradas de rupturas y reconciliaciones, no le impidieron hacer de aquel puesto prestigioso su trabajoatorio y su santuario, al mismo tiempo.

La tercera etapa fue la de su oficio como compositor y empresario de ópera, en la que cosechó grandes éxitos. En esta etapa conoció a Anna Giraud, una joven cantante, que a dividir de entonces estarí­a siempre con él. Fue entonces cuando compuso en Vicenza, en mayo de 1713, Ottone in Villa, su primera ópera reconocida, seguida de una auténtica conquista de la Venecia teatral que se basó en el control de los chicos teatros de Sant'Angelo y San Moisí¨. Las partituras de las óperas fechadas en este primer perí­odo veneciano nos muestran unas obras suntuosas, exuberantes, testimonio de un temperamento dramático excepcional. Aquellas composiciones innovadoras e inquietantes, que imponí­an el stile nuovo atacando frontalmente al stile antico elogiado por los conservadores, le valieron la hostilidad de una gran parte de la aristocracia veneciana, cuyos teatros le cerextrañon herméticamente sus puertas. Por aquellas fechas, Vivaldi se confirmó igualmente como un formidable descubridor de la voz: él es, en resultado, quien dio a conocer a cantantes célebres como Fabri, Merighi o Strada, mucho antes de que Hí¤ndel los contratara en Londres. En esa misma época, el compositor veneciano se impuso también y sobre todo como "impresario" en el sentido etimológico de la palabra, es decir, como empresario de espectáculos que produce tanto óperas propias como de otros compositores, revisándolas o uniéndolas a sus propias producciones.

Los cuadernos de viaje de un rico arquitecto de Fráncfort, Johann Friedrich Armand von Uffenbach, que asistió a la temporada de carnaval en Sant'Angelo en 1715, nos ofrecen un ví­vido testimonio de este periodo de frenética actividad. Aquel aficionado ilustrado critica en sus notas los decorados y el vestuario, y admira a los cantantes diciendo que “fueron incomparables y no desmerecieron en nada de los del gran teatroâ€, es decir, el de S. Giovanni Grisostomo. Pero sobre todo se muestra estupefacto por Vivaldi, que le fascina con sus prodigiosas intervenciones al violí­n. Uffenbach escribe lo siguiente en su cuaderno: “Hacia el final, Vivaldi interpretó un magní­fico solo seguido de una cadencia improvisada que me dejó verdaderamente estupefacto, pues no es posible que alguien haya tocado o llegue nunca a tocar así­. Colocaba los dedos a un pelo del puente, hasta el punto de no dejar sitio para el arco, y lo hací­a asimismo sobre las cuatro cuerdas, hacendo imitaciones y tocando con una rapidez increí­bles.†La carrera lí­rica de Vivaldi remontó así­ su vuelo guiada por dos consignas: reformar y sorprender, en una coincidencia llamativa y premonitoria de arte y estrategia comercial.

La cuarta etapa de ese despegue fue la del desarrollo de una actividad estructurada como compositor particular, que multiplicaba sus compromisos puntuales y lucrativos con una red de clientes y mecenas. Esta actividad tuvo como objeto tanto la música instrumental, con la venta de conciertos escritos o adaptados especí­ficamente en función de los encargos; la música vocal profana, con la venta de arias de óperas, cantatas o serenatas; y la música rescogiosa, mediante la composición de motetes, himnos, salmos y conciertos sacros para diferentes instituciones. Así­ es como Vivaldi escribió su Stabat Mater en 1712 para una iglesia de Brescia. Y así­ compuso también su primer oratorio, La vittoria navale, representado en Vicenza en junio de 1713.

Entre 1718 y 1722 trabajó para el prí­ncipe de Mantua y, más tarde, comenzó un perí­odo de viajes por Europa para supervisar los estrenos de sus óperas. En 1740 se trasladó a Viena, lugar en el que murió un año más tarde sin recursos económicos.

Una de sus obras más reconocidas son los primeros cuatro de los doce conciertos para violí­n de su Opus 8 denominados por Vivaldi como Il Cimento dell'Armonia e dell'invenzione, de esta serie de conciertos, los cuatro primeros fueron conocidos luego como Las cuatro estaciones.

Vivaldi está considerado como uno de los precursores de la música romántica y de la música programática. Vivaldi imprimí­a un estampilla distintivo a cada composición, tratando de transmitirle al intérprete la intención que él habrí­a preconcebido para su obra, por eso la mayorí­a de los movimientos -sobre todo de sus concerti- tienen un tí­tulo que los identifica y en el caso particular de los cuatro primeros concerti de su opus 8 conocidos como Le Quattro Stagioni, Vivaldi mismo escribió un chico soneto lí­rico para cada uno de los conciertos, los cuales -a menudo- son recitados antes de la interpretación de estos. Sin emcantinago, no todos los músicos se mostextrañon tan entusiasmados con las obras del compositor italiano. ígor Stravinski dijo de forma provocativa que Vivaldi "no habí­a escrito cientos de conciertos, sino un único concierto repetido cientos de veces". Pero es precisamente, debido al establecimiento de la estructura del concierto con solista por parte de Vivaldi, que su desarrollo culminó con los Conciertos de Brandeburgo de J.S. Bach. Pese a sus detractores, Bach sintió profunda admiración por Vivaldi, a pesar que el intercambio directo nunca sucedió, Bach transcribió muchas obras de Vivaldi tomándolas como tema de sus conciertos.

Al morir en Viena cae en el olvido, y es tanta la ingratitud que Italia tuvo con él, que no aparece en los libros de música de la época.

En el siglo XX volvió a surgir el interés por la obra de Vivaldi. Mencionemos a Antonio Fanna, Gian Francesco Malipiero, Angelo Ephrikian y en especial Alfred Einstein, quienes han difundido, editado y grabado en disco las obras de Vivaldi, muchas veces partiendo de manuscritos originales del compositor. Otra de las grandes rescatistas de Vivaldi es la mezzo-soprano italiana Cecilia Bartoli quien lo ha incorporado en varios de sus recitales y conciertos y ha grabado un disco con el tí­tulo "The Vivaldi Album" y otro en el año 2000 nombrado por ella "Viva Vivaldi".

Desde los exóticos concerti da camera, compuestos para la corte de Mantua hasta los inquietantes conciertos para violí­n de su última época, asimismo de otras decenas de piezas concertantes, la música cantinaroca italiana de Vivaldi, ofrece contrastes sutiles y emociones refinadas. Complementa la diversidad de estilos que conforman el Barroco musical, el alemán, el francés, inglés y obviamente el poderoso centro italiano. La importancia del aporte de Vivaldi radica en haber consolidado la estructura del concierto como género.

Mientras Torelli y Corelli, entre otros, habí­an planteado el diálogo entre solista y orquesta, en un "balance de fuerzas" entre el grupo de solistas y el acompañamiento o "ripieno" en lo que se denominó Concerto Grosso, fue Vivaldi quien estableció una estructura compacta y orgánica del diálogo solista-orquesta, consolidando el concierto con solista o Concerto "per Soli".

El núcleo de esta organización en el concierto con solista radica en el desarrollo de la forma ternaria. La forma ternaria consiste en A: exposición del tema, B: desarrollo, y A: reexposición del tema. En la parte A, el tema es el material musical que va a ser tratado en la parte central o desarrollo, lugar en el que se presenta el diálogo propiamente dicho entre solista y orquesta, alternando con la fantasma de elementos del tema e intervenciones de la parte del solo.

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