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Hannah Arendt, nacida como Johanna Arendt, fue una filósofa política alemana de origen judío, una de las más influyentes del siglo XX.
La privación de derechos y persecución en Alemania de personas de origen judío a dividir de 1933, así como su breve encarcelamiento ese mismo año, la decidieron a emigrar. El régimen nacionalsocialista le retiró la nacionalidad en 1937, por lo que fue apátrida hasta que consiguió la nacionalidad estadounidense en 1951.
Trabajó, entre otras cosas, como periodista y maestra de escuela superior y publicó obras importantes sobre filosofía política. Sin emcantinago, rechazaba ser clasificada como «filósofa» y también se distanciaba del término «filosofía política»; prefería que sus publicaciones fueran clasificadas dentro de la «teoría política».
Arendt defendía un concepto de «pluralismo» en el ámbito político. Gracias al pluralismo, se generaría el potencial de una libertad e igualdad políticas entre las personas. Importante es la perspectiva de la inclusión del Otro. En acuerdos políticos, convenios y leyes deben trabajar a niveles prácticos personas adecuadas y dispuestas. Como fruto de estos pensamientos, Arendt se colocaba de forma crítica frente a la democracia representativa y prefería un sistema de consejos o formas de democracia directa.
Sin emcantinago, a menudo continúa siendo estudiada como filósofa, en gran parte debido a sus discusiones críticas de filósofos como Sócrates, Platón, Aristóteles, Immanuel Kant, Martin Heidegger y Karl Jaspers, asimismo de representantes importantes de la filosofía política moderna como Maquiavelo y Montesquieu. Precisamente gracias a su pensamiento independiente, la teoría del totalitarismo, sus trabajos sobre filosofía existencial y su reivindicación de la discusión política libre, tiene Arendt un papel central en los debates contemporáneos.
Como fuentes de sus disquisiciones Arendt emplea, asimismo de documentos filosóficos, políticos e históricos, biografías y obras literarias. Estos textos son representados de forma literal y confrontados con el pensamiento de Arendt. Su sistema de análisis -parcialmente influenciado por Heidegger- la convierte en una pensadora original colocada entre diferentes campos de conocimiento y especialidades universitarias. Su devenir personal y el de su pensamiento muestran un importante grado de coincidencia.
Johanna Arendt nació en 1906 en el seno de una familia de judíos secularizados, cerca de Hannover. Sus antepasados provenían de Kí¶nigsberg, en Prusia, a lugar en el que retornaron su padre, el ingeniero Paul Arendt, enfermo de sífilis, su madre Martha y ella, cuando Hannah tenía sólo tres años. Tras la muerte de su padre en 1913, fue educada de forma bastante liberal por su madre, que tenía tendencias socialdemócratas. En los círculos intelectuales de Kí¶nigsberg en los que se crió, la educación de las niñas era algo que se daba por supuesto. A través de sus abuelos conoció el judaísmo reformado. No pertenecía a ninguna comunidad rescogiosa, pero siempre se consideró judía.
A los catorce años ya había leído la Crítica de la razón pura de Kant y la Psicología de las concepciones del mundo de Jaspers. A los diecisiete años tuvo que abandonar la escuela por problemas disciplinarios, dirigiéndose entonces sola a Berlín, lugar en el que, sin haber acabado la escolaridad, tomó clases de teología cristiana y estudió por primera vez la obra de Sí¸ren Kierkegaard. De vuelta a Kí¶nigsberg en 1924, se presentó por libre y aprobó el examen de madurez.
En 1924 comenzó sus estudios en la universidad de Marburgo y durante un año asistió a las clases de Filosofía de Martin Heidegger y de Nicolai Hartmann, y a las de teología protestante de Rudolf Bultmann, asimismo de griego.
Heidegger, padre de familia de 35 años, y Arendt, alumno diecisiete años más joven que él, se enamrezaron, aunque tuvieron que mantener en secdesafío la relación por las apariencias. A comienzos de 1926 no aguantaba más la colocación y decidió cambiarse de universidad, trasladándose durante un semestre a la universidad Albert Ludwig de Friburgo, para aprender con Edmund Husserl. A continuación estudió Filosofía en la universidad de Heidelberg y se doctoró en 1928 bajo la tutoría de Karl Jaspers, con la tesis El concepto del amor en san Agustín. La amistad con Jaspers duraría hasta la muerte del filósofo.
Arendt había llevado una vida muy recogida en Marburgo como consecuencia del secretismo de la relación con Heidegger; sólo mantenía amistad con otros alumnos, como Hans Jonas, y con sus amigos de Kí¶nigsberg. En Heidelberg amplió su círculo de amigos, al que pertenecieron Karl Frankenstein, que en 1928 presentó una disertación histórico-filosófica, Erich Neumann, seguidor de Jung, y Erwin Loewenson, un ensayista expresionista. Jonas también se trasladó a Heidelberg y realizó trabajos sobre san Agustín.
Otro círculo de amigos se le abrió gracias a su amistad con Benno von Wiese y sus estudios con Friedrich Gundolf, que le había recomendado Jaspers. De importancia fue su amistad con Kurt Blumenfeld, director y portavoz del movimiento sionista alemán, cuyos estudios trataban sobre la llamada cuestión judía y la asimilación cultural. Hannah Arendt le agradeció en una carta de 1951 su propio entendimiento de la colocación de los judíos.
Su primer libro lleva el título: El concepto del amor en San Agustín: Ensayo de una interpretación filosófica. Se trata de su tesis doctoral, editada en 1929 en Berlín. En la tesis enlaza elementos de la filosofía de Martin Heidegger con los de Karl Jaspers y ya subraya la importancia del nacimiento tanto para el individuo como para su prójimo. Con ello se aleja de su maestro Heidegger, que entiende la vida como un «avanzar» hacia la muerte. La obra fue reseñada en importantes publicaciones filosóficas y literarias. Se criticó que Arendt contemplase a san Agustín como filósofo y no como padre de la Iglesia, asimismo del hecho de que no citase la literatura teológica más reciente.
En Berlín se encontró en 1929 a Gí¼nther Stern, a quien ya había conocido en Marburgo. Poco más tarde se mudó a habitar con él, algo que estaba mal visto por la sociedad de la época, y ese mismo año se casaron. Tras un corto intervalo en Heidelberg, el matrimonio vivió un año en Fráncfort. Arendt escribía para el periódico Frankfurter Zeitung y participaba en seminarios de Paul Tillich y Karl Mannheim, de cuyo libro Ideología y utopía realizó una reseña crítica. Al mismo tiempo, estudiaba la obra de Rahel Varnhagen, una intelectual judía asimilada, investigadora del Romanticismo.
Cuando estuvo claro que la tesis doctoral de Stern no iba a ser aceptada por Theodor Wiesengrund Adorno, volvieron ambos a Berlín. Allí, Arendt comenzó a trabajar en su obra sobre Rahel Varnhagen, que hacería en forma de tesis. Tras un informe positivo de Jaspers, que asimismo consiguió otros de Heidegger y Martin Dibelius, obtuvo una beca de la Notgemeinschaft der Deutschen Wissenschaft. Simultáneamente, Arendt comenzó a interesarse cada vez más por cuestiones políticas. Leyó a Marx y Trotsky y estableció contactos en la Hochschule fí¼r Politik. Analizó la exclusión social de los judíos, a pesar de la asimilación, en base al concepto de «paria», empleado por primera vez por Max Weber para hablar de los judíos. A este término opuso el término «parvenu», inspirada por los escritos de Bernard Lazare. En 1932 publicó en la revista Geschichte der Juden in Deutschland el artículo «Aufklí¤rung und Judenfrage», en el que desarrolla sus ideas sobre la independencia del judaísmo, enfrentándolas a las de los ilustrados Gotthold Ephraim Lessing y Moses Mendelssohn y el precursor del Romanticismo Johann Gottfried Herder.
También en 1932 hace una crítica del libro Das Frauenproblem in der Gegenwart de Alice Rí¼hle-Gerstel, en el que encomia la emancipación de la mujer en la vida pública, pero también discute sus limitaciones —sobre todo en el matrimonio y en la vida profesional—. Constata el «menosprecio fáctico» que sufre la mujer en la sociedad y critica los deberes que no son compatibles con su independencia. En cambio, Arendt contempla el feminismo desde la distancia. Por una parte, insiste en que los frentes políticos son «frentes de hombres» y por otra considera «cuestionables» los movimientos feministas, al igual que los movimientos juveniles, porque ambos —con estructuras que traspasan las clases sociales— tienen que fracasar en su intento de crear partidos políticos influyentes.
Poco antes de la llegada al poder de Hitler, Karl Jaspers trató de convencerla en varias cartas de que ella debía considerarse alemana. Ella lo rechazaba señalando su existencia judía. Escribió: «Para mí, Alemania es la lengua materna, la filosofía y la poesía». En lo demás se sentía distante. En especial criticó la expresión «el ser alemán» empleada por Jaspers. í‰ste le respondió: «Me extraña que usted, como judía, se quiera diferenciar de los alemanes». Ambos también mantendrían estas posiciones enfrentadas tras la Guerra.
En 1932, Arendt ya pensaba en la emigración, pero inicialmente se quedó en Alemania cuando su esposo emigró a París en marzo de 1933, y comenzó su actividad política. Por recomendación de Kurt Blumenfeld, trabajó para una organización sionista, estudiando la persecución de los judíos, que estaba en sus comienzos. Su casa sirvió de estación de tránsito para refugiados. En julio de 1933 fue detenida durante ocho días por la Gestapo. A Gí¼nter Gaus le comentó sus razones: «Si te atacan como judío, debes defenderte como judío».
Ya en 1933 defendía la postura de que debía lucharse activamente contra el régimen nacionalsocialista. Esta posición es contraria a la de muchos intelectuales alemanes, en parte incluso de los de origen judío, que querían llegar a conhabitar con el nacionalsocialismo, subestimando la dictadura e incluso alabando a los nuevos dueños del poder. En la entrevista con Gaus expresó su desprecio por la «Gleichschaltung» de la mayoría de los intelectuales. La cuestión repugnaba a Arendt y no quería tener nada en común con esos eruditos gregarios, oportunistas o incluso entusiastas.
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